miércoles, 6 de febrero de 2008

Carnaval

Ya es Carnaval, con todas sus consecuencias. Las noches locas se suceden en una bruma de maquillaje, plumas y purpurina. Ha aparecido un nuevo amante con el que la isla pretende tentarme. La confusión es máxima, la tensión por conservar cada relación oculta ante las demás, casi insostenible. Creo que debo recular, abandonar a Carina, a Antonio, a Ole o renunciar a esta nueva conquista, que como buena depredadora es la que más me interesa. Ya casi no recuerdo mi propósito de escapar de la Isla y no volver la vista atrás. Ahora mismo soy como Isabel en aquella canción que escuchábamos en verano, todo el mundo parece desearme y yo sólo pienso en salir una noche más.

jueves, 3 de enero de 2008

La Playa

Lo más bonito que he vivido en San Borondón ( además de la sinceridad de la mirada de Edina y el tacto pulsante de los pechos de Carina) ha sido la experiencia de poseer una playa. Una playa favorita, una playa mía, una playa donde correr, nadar, cantar y beber atardeceres. Siempre supe que nada que se posea puede hacerte rico, pero aquí he descubierto que todos aquellos que no tenemos una playa en nuestra vida hemos sido, en cierta medida, pobres.
Playa Linda no es perfecta, pero ¿Qué relación lo es? Su arena es ligeramente oscura y sus aguas ligeramente frescas, pero a cambio tiene curvas suaves y rocas a los lados, exactamente igual que Carina, y al igual que ella, esconde ilícitos encuentros gays tras una zona rocosa, donde a veces se perdía el frágil Asier en busca de calor vivo antes de desaparecer entre los espectros.
Por el paseo marítimo que bordea mi playa, pasean interminablemente algunos espíritus de extranjeros que dejaron su vida años atrás en el Reino Unido, Alemania o Escandinavia. No sé si vienen a San Borondón a morir como los elefantes y por eso pasean en hileras lastimosas o es que, como sospecho, en realidad ya están muertos y vagan eternamente en busca del calor, la luz y el sol que no disfrutaron en vida.
Pero, errantes aparte, Playa Linda suele estar prácticamente desierta, ofreciéndome la oportunidad de conversar conmigo misma a voz en grito, embebiéndome de luz solar, dando patadas a las olas y dibujando palabras sin sentido en la arena. Nunca trazo tu nombre, para que tu presencia no exista en este universo paralelo, pero, a veces te recuerdo tumbado a mi lado en otras playas, o evoco mi niñez en playas del Norte. Entonces vuelvo a cantarle a las nubes que forman esculturas de algodón rosa, al Dios de mi infancia que amaba mi alma sufrida y optimista, a la vida que me espera más allá de este mar, de esta prisión volcánica, a esa parte de mí, soñadora, infantil, que la noche jamás logrará corromper, ni en la Isla, ni fuera de ella.
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domingo, 16 de diciembre de 2007

Colores

A medida que avanza esta estancia, este sueño extraño, la Isla va exponiendo su belleza, inadvertida en los primeros días. Las montañas han pasado del blanco del verano a un verde parduzco que refulge bajo los atardeceres invernales, como queriendo homenajear su volcánico origen. San Borondón es, ahora, un cúmulo de hogueras anaranjadas entre las que los poblados de casitas blancas se esfuerzan por resaltar. Es una belleza minimalista, sin árboles, sin ríos, sin fútiles aderezos que estorben el verdadero espectáculo: la explosión de color en tres materiales básicos, roca, mar y cielo, como únicos protagonistas.
Creo que la Isla sabe que me perderá en pocas semanas, ya sólo cuenta con el Carnaval para atraparme. Me muestro fría, distante, sencillamente amistosa, con mis amantes. Me centro en la compañía de Edina, con quien busco la forma de escapar de este curioso pedazo de lava, por siempre jamás. Madrid, Santander, ése es mi futuro. Debo recordar que ésa es la realidad, no ésta que me enreda en intrincados juegos amorosos. He de concentrarme para no perder la perspectiva. Ellos son fantasmas, han pasado por mi lado, es cierto, pero no pueden tocarme. Nada de lo aquí acontecido debería dejarme huella, cuando al fin regrese, un soleado día de abril, como dice Edina, mostrándome el color que lucirá el cielo, ese día, en sus iris ilusionados.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Llamada

La otra noche, después de dejar que Carina jugara conmigo a su antojo (no siempre se ganan las partidas) pude comunicarme con el mundo real. Supongo que lo inverso a una cacofonía no es una llamada de móvil a las tantas de la mañana, pero en mi caso funcionó. A la Isla llegó una voz querida, la tuya, que me recordó la tangibilidad del mundo que aún me espera ahí fuera. Desde entonces, no sé muy bien porqué, me siento mejor, vuelvo a ser sólida y resistente a los ataques de la isla por empujarme a su seno fantasmagórico. No son las palabras que me dijiste, sino la huella de las vibraciones de tu voz en mi oído, que aún reverbera en mi memoria sensitiva, haciéndome sonreir frente a los espectros. Ahora sé, a ciencia cierta, que saldré de la Isla, victoriosa, simplemente porque debo volver a escuchar tu voz.

Partidas paralelas

Dice mi ultima conquista, la bella Carina, que las relaciones son como partidas de ajedrez y que, algunos jugadores, tenemos esa capacidad de mantener partidas paralelas ¡Si ella supiera! Nadie sospecha mis secretos, quiénes son mis rivales en las otras partidas que mantengo abiertas a base de cinismo y silencios. Algunas partidas son sencillas, tanto que desde el principio visualizas posibles jaques, pero dejas que tus torpes adversarios desplieguen sus movimientos avocados al fracaso, otras, como esta última que he iniciado con ella, son complejas, dan lugar a la formación de estrategias cambiantes. Con cada gesto, cada titubeo en la voz de Carina, cada vez que sé que ella me miente tanto como yo a ella, más me empeño en ser yo la ganadora, en hacer que sea ella la que se obsesione conmigo, por el puro placer de jugar.
Carina ¿Cómo imaginar siquiera un futuro con ella? ¿Cómo resistirme al presente que ofrece? Una mujer, un juguete nuevo. Dice ella, que las mujeres son una versión mejorada de los hombres, como una aplicación nueva de un sistema informático imperfecto, obviamente no te conoce, pero veo que, en general, tiene razón. Yo manejo casi a la perfección la aplicación "macho", ella, más compleja, más dual, más hipócrita, presenta un nuevo desafío que no sé si podré llegar a dominar jamás, pero al menos es ésta una lucha par, de igual a igual. Las cartas repartidas, alea jacta est, que comience el juego. . .

Infidelidad

Han pasado los días, convirtiéndose en meses, la existencia en la isla ha tomado un ritmo vertiginoso, que en nada se asemeja a la lentitud con que se sucedían los atardeceres en los primeros días. Sospecho que eso es porque las pruebas que debía superar en mi estancia aquí, han resultado un fracaso de tal tamaño, que ahora la isla puja por tragarme para siempre, por convertirme en uno más de su ejército de espectros. Efectivamente, amigos, si el destino me trajo aquí con la intención de enseñarme algo, he aprendido, sólo que lo que he aprendido es que mi naturaleza tiene una tendencia clara a la corrupción y a la autodestrucción difícil de superar. Por suerte para mí, en este teatro fantasmagórico no hay público que pueda dejar constancia de lo en estos meses acontecido, pero ahora sé que de existir un Dios, un Cielo o una moral religiosa al uso, mi vida en un hipotético Más Allá está condenada al castigo. Porque como dije alguna vez, la estancia en San Borondón es como un pequeño reflejo de nuestra estancia en el mundo. Llegas confuso, sin conocer el medio ni los personajes y, poco a poco, vas interactuando con ellos, formando una red de relaciones propias que definirán la esencia de tu existencia misma. Llegar a La Isla es como volver a nacer, no hay nada predeterminado, podría haber sido un ser completamente nuevo y, en lugar de eso, he conseguido acumular en pocos meses los errores que en la vida real tardé años en cometer: secretos, mentiras, hedonismo, lujuria. . . infidelidad.
La infidelidad es como una caja de Pandora, aunque durante años hayas conseguido mantenerla cerrada, basta con abrir la tapa unos milímetros, con la excusa de saciar tu curiosidad, para que todos los vientos de la lujuria se escapen arrollándote con la fuerza de mil huracanes.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Contexto

Hay una fuerte influencia psicoanlítica en el pensar social de nuestra era, que defiende que las personas son como son debido, principalmente, a su contexto: sus circunstancias socioeconómicas, familiares, culturales, etc. ¿Pero qué pasa cuando los individuos son sacados totalmente de ese contexto? Eso es la Isla. Por eso, para mí, el paso por San Borondón es tan interesante. La Isla prueba que las personas son de una determinada manera independientemente de sus circunstancias. Las ves llegar y, en poco tiempo, rodearse de aquéllo que les interesa, aquéllo que realmente codician: vicios y relaciones intempestuosas, hogares bellos y cálidos, eventos frívolos y apariencias glamurosas, soledad y resentimientos, . . .la gente en la isla intenta reproducir aquéllo que les definía en sus lugares de origen, crean un pequeño espejismo de su vida real, son como reflejos de lo que ellos mismos creen ser, fantasmas, por tanto, como dije en un primer momento.