Dice mi ultima conquista, la bella Carina, que las relaciones son como partidas de ajedrez y que, algunos jugadores, tenemos esa capacidad de mantener partidas paralelas ¡Si ella supiera! Nadie sospecha mis secretos, quiénes son mis rivales en las otras partidas que mantengo abiertas a base de cinismo y silencios. Algunas partidas son sencillas, tanto que desde el principio visualizas posibles jaques, pero dejas que tus torpes adversarios desplieguen sus movimientos avocados al fracaso, otras, como esta última que he iniciado con ella, son complejas, dan lugar a la formación de estrategias cambiantes. Con cada gesto, cada titubeo en la voz de Carina, cada vez que sé que ella me miente tanto como yo a ella, más me empeño en ser yo la ganadora, en hacer que sea ella la que se obsesione conmigo, por el puro placer de jugar.
Carina ¿Cómo imaginar siquiera un futuro con ella? ¿Cómo resistirme al presente que ofrece? Una mujer, un juguete nuevo. Dice ella, que las mujeres son una versión mejorada de los hombres, como una aplicación nueva de un sistema informático imperfecto, obviamente no te conoce, pero veo que, en general, tiene razón. Yo manejo casi a la perfección la aplicación "macho", ella, más compleja, más dual, más hipócrita, presenta un nuevo desafío que no sé si podré llegar a dominar jamás, pero al menos es ésta una lucha par, de igual a igual. Las cartas repartidas, alea jacta est, que comience el juego. . .
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